viernes, 8 de marzo de 2013

ESCLAVAS REBELDES

Le llamará la atención a aquellos que conocen la historiografía de Puerto Rico, que este post se titula igual que la importante obra de Guillermo Baralt,  pero cambiando el género.  Lo hago para - a la vez que rindo homenaje al querido maestro recordando su libro que es un clásico- llenar el vacío que deja en cuanto a las mujeres que también se rebelaron contra el sistema esclavista.

En el libro Esclavos Rebeldes hay que buscar con lupa las mujeres que participaron en las rebeliones que reseña el autor pues utiliza siempre el masculino genérico de esclavos, fugados o conspiradores.  Sobre los fugados sí especifica que la mayoría fueron varones.

A pesar de que la participación de las mujeres en las muchas rebeliones no se identifica,  las encontramos nada menos que entre los líderes sentenciados a muerte luego de la rebelión en Ponce en julio de 1826. Estas fueron: Inés (perteneciente a Gregorio Medina) y entre los castigados con cadena perpetua por la misma rebelión a Ambrosia y a Esperanza.

Pero aparte de la participación en esas rebeliones o fugas, me interesa destacar la más común y menos conocida de todas las resistencias porque se daba en el ámbito privado de las haciendas: la rebelión silenciosa.  Por lo mismo no aparece en estudio alguno.

En el ámbito privado era que la mujer esclava padecía de una explotación adicional: la de su sexualidad.  Fue práctica generalizada en Puerto Rico y otras sociedades esclavistas que el amo se creía con derecho a la virginidad y al cuerpo de sus esclavas, parecido al “ droit du seigneur” de la sociedad feudal europea.  Así consta en documentos para el siglo XVIII, como uno que cita López Cantos en su libro sobre Miguel Enríquez.   Y así lo confirma el hecho de que la mayoría de las mujeres esclavas para 1872 en Puerto Rico eran mulatas, fruto (como señaló Frantz Fanon en Escucha Blanco) del ultraje del amo blanco a la negra esclava.

Conocemos estas rebeliones privadas únicamente cuando llegaron a ser públicas mediante las demandas de las propias esclavas, y por eso mismo son muy pocas las que nos han llegado.  El hecho de haberse atrevido a demandar al amo con las consecuencias que ello podía acarrearle es razón suficiente para considerarlas tan valientes como las que se unieron a las rebeliones o intentaron fugarse. Veamos dos casos en los cuales la esclava ha utilizado su cuerpo como mercancía con el fin de liberarse o mejorar la condición de sus hijos.

En Vega Baja en 1863, Eleuteria presentó una demanda contra don Eduardo Torres para que le concediera la libertad que le había éste ofrecido a cambio de lo cual ella accedió a tener relaciones sexuales (en el texto ponen: “ilícitas relaciones”).  Como consecuencia de esas relaciones, ella procreó dos hijos, lo cual acepta el demandado diciendo que “efectivamente, así ofreciera a la mencionada Eleuteria su libertad y, puesto que tiene sus hijos en ella, ha dispuesto a hacerlo tan pronto como se le arreglen sus divisorias en la testamentaria, para saber la parte que le toque, a menos que los demás coherederos convengan en adjudicarle la parte que le corresponde de su herencia en el valor de la criada, previa la tasación competente”.  El arreglo parece que no prosperó  por haber muchos coherentes, porque en 1867 Eleuteria aparece todavía como esclava de la Sucesión de Don José Miguel Torres. Sin embargo, ella ha logrado que se le conceda permiso para comprar y vender reses a fin de asegurar el futuro de su hija Fabiana.

Eleuteria murió sin haber logrado su libertad ni la de sus hijos que pasaron en herencia a otro miembro de la misma Sucesión Torres.  Pero Fabiana heredó la rebeldía de su madre y a los quince años se atrevió a demandar a su amo. La razón para su demanda es que éste la castigó severamente a latigazos causándole contusiones que “pueden ser graves”.  Lo que pedía Fabiana era que se le diese permiso para buscar otro amo por “no resistir la severidad con que se le trata”.  También se querelló la joven de que su amo se le había quedado con algunas reses que ella poseía y con las cuales pensaba obtener parte de su manumisión (libertad) como había deseado su madre.

En el contrainterrogatorio el dueño de Fabiana no solamente negó todo lo argumentado por ella, sino que dijo que ésta “no ha sido de buena condición desde pequeña, y no será extraño que se haya dejado inducir de sus ideas perversas para pretender lo que no tiene”. Admitió que “debiendo mantener el respeto y consideración que se debe a una casa de familia donde hay niñas, como dueño y administrador de la esclava Fabiana, le dio dieciséis a veinte azotes bien pegados con látigo de cuero y a ropa descubierta en las nalgas...por desmoralizada, atrevida e insolente y algunas otras faltas, que a cada paso ha cometido.”

El dictamen del Juez en el caso fue de acceder a que la esclava fuese puesta en venta, pero en cuanto al castigo encontró que “de las actuaciones que hubo motivo para él, que no fue excesivo”.

El caso más dramático y quizá el único en el cual se puede escuchar la voz de la esclava es el de María Balbina que le hace llegar este documento al Gobernador Echagüe en 1859 -y que reproduzco sin atreverme a corregir o señalar errores- porque resume la situación de las mujeres esclavas:

María Balbina, esclava de Don Antonio Padilla, de este vecindario, ante Vuestra Excelencia parezco y con el debido respeto expongo: que soy nacida y criada en la casa del referido Don Antonio Padilla, mi señor, quien sin embargo de ser yo su sierva, apenas entré en la pubertad me hizo sucesivamente madre de tres criaturas bajo promesa de darme la libertad.  Pero mi señor, olvidando luego su palabra empeñada y los gritos de su conciencia, intenta venderme.  Tan luego como supe su determinación, traté de hacer valer mis derechos y ocurrí al Síndico de la Capital, el cual ofreció tomar mi defensa, y al efecto se me puso en calidad de depósito en la casa de Don Julio Vizcarrondo;  pero han transcurrido ya de esto una porción de días, y veo que nada se adelanta en ella, y por el contrario temo mucho que mi amo procure echar tierra á este asunto y llevar á cabo su intento de venderme por un precio elevado, cuando tengo el derecho de exigir el cumplimiento de la promesa que se me hizo.

Como Vuestra Excelencia comprenderá muy bien, soy una pobre esclava, desvalida, sin instrucción alguna y á quien por lo mismo se puede envolver fácilmente; y por lo tanto necesito de la poderosa protección de Vuestra Excelencia para que se me haga cumplida justicia.  En tal virtud, ocurro y suplico a Vuestra Excelencia que en mérito de lo expuesto se digne mandar, expresamente, que el Síndico de la Capital tome á su cargo mi defensa, con encargo de dar cuenta á Vuestra Excelencia de la marcha y resultados de este juicio; pues así es de justicia que pido, y juro lo necesario.”

La carta llegó a manos del Gobernador Echagüe, pero se tardó dos años para pedir que se asistiese a la esclava en su derecho.  El Síndico por su parte respondió que la esclava no estaba en poder de Vizcarrondo y de hecho se desconocía su paradero.  Echagüe pidió se averiguase dónde estaba la esclava y un mes después el Alcalde Corregidor le informa que a pesar “ de las diligencias practicadas por la Policía”..”no ha podido encontarse en esta Capital, ni averiguarse su paradero”.

Quiero pensar que María Balbina logró su libertad y la de sus tres hijos en el cimarronaje. Desde el más acá, como mujer puertorriqueña libre en el siglo XXI me conduelo porque padeció la ignominia de la esclavitud y la saludo con alegría por su valentía.


Fuentes:

  • El proceso abolicionista en Puerto Rico: documentos para su estudio. Vol. I (San Juan: ICP, 1974), pp. 240-248.
  • Benjamín Nistal Moret, Esclavos prófugos y cimarrones. (Río Piedras: Editorial de la UPR, 1984), pp.201-203.

6 comentarios:

Siluz dijo...

Qué poco sabemos de este tema. Interesantes historias. Me llamó la atención que una de ellas fuera en Vega Baja. Me hizo recordar la rebelión de esclavos que hubo en nuestra ciudad y que fue inspiración para la obra de teatro "La noche de Caín" del Prof. Julio Meléndez.
Gracias, Ivonne, por compartirlas.

Ivonne Acosta Lespier dijo...

Siluz: Mi empeño siempre ha sido darle voz a las mujeres invisibilizadas o ninguneadas en nuestra historia. Sobre esa obra de teatro que no conozco, ¿podrías decirme dónde la consigo? Estoy buscando obras literarias inspiradas en hechos históricos en Puerto Rico a ver si diseño un seminario de Historia y Literatura. Gracias por comentar.

ANDRES dijo...

La esclavitud en Puerto Rico fue atroz, aunque Don Jorge D. Flinter en su libro Examen del Estado Actual de los Esclavos de la Isla de Puerto Rico (1832) nos manifieste la teoría del esclavo feliz. Mucho se habla de los castigos inusitados al hombre esclavo, pero la mujer no fue la excepción. Don Cayetano Coll y Toste nos hace referencia de ser testigo ocular de un tipo de castigo llevado a cabo en la Hacienda La Vega de la jurisdicción de mi querido Arecibo. Hace alusión que unos esclavos se encontraban atando a una pobre negra sollozante a cuatro estacas en el suelo. Amarrada ya boca abajo en el batey el capataz hizo vibrar en el aire su látigo, en el cual tocó con la rabiza en la espalda de la víctima. La pobre esclava lanzó un grito estridente pero seis veces descendió el foete sobre el cuerpo de la esclava. Terminado el sacrificio una negra vieja se acercó a la víctima y le lavó las heridas con aguas avinagradas, cargadas de sal, que llevaba en una higüera. Esto se hacía para evitar el tétano y perder la pieza. Terminada la operación dos esclavos vigorosos cargaron a la desfallecida africana al cuartel hospital.

Don Cayetano Coll y Toste nos dice que en casos como éste en que la esclava se encontraba en estado de embarazo se hacía un hoyo en la tierra para colocar el vientre de la mujer y evitar que se perdiera la futura pieza. En ocasiones en que el foete partía la carne se aplicaba agua de tocino y sal y una mezcla de melao y ceniza usada por los esclavos para cicatrizar los golpes y heridas recibidas.

¿Cómo no revelarse ante tan crueles eventos?

Andrés Chacón

Fuentes:

Luis M. Díaz Soler, Historia de la Esclavitud Negra en Puerto Rico, (Río Piedras: Editorial de la UPR), 1984 p. 184.

Don Cayetano Coll y Toste, boletín histórico XIII, pp. 289-290.

Ivonne Acosta Lespier dijo...

Andrés: Gracias por tomarte el tiempo para compartir estos conocimientos. Que se repita..

Yolanda Arroyo Pizarro dijo...

Estimada Ivonne: Conocí de tu blog y el post de "Mujeres esclavas en Mayagüez: 1872" http://desahogoboricua.blogspot.com/2013/03/mujeres-esclavas-en-mayaguez-1872.html gracias a Julia Cristina Ortíz, que te cita en su último libro. De hecho, a ese escrito tuyo le dediqué un post en mi blog: http://narrativadeyolanda.blogspot.com/2012/12/cimarronas-en-mayaguez-1872.html y en el periódico El Post antillano http://elpostantillano.com/pagina-0/critica-literaria/3875-yolanda-arroyo-pizarro.html . Ojalá sean de tu agrado.

Gracias por inspirarme a continuar investigando de este tema que tanto me apasiona: las cimarronas. Tengo un libro titulado 'las Negras' que me gustaría hacerte llegar. Si puedes escríbeme a yolanda.arroyo@gmail.com

Te recomiendo también que adquieras el nuevo libro "Arrancando mitos de raíz" de Isar Godreau http://narrativadeyolanda.blogspot.com/2013/03/arrancando.html . Está delicioso y menciona mujeres esclavas rebeldes de nuestras islas vecinas.

Un abrazo y todo mi respeto, maestra.

Ivonne Acosta Lespier dijo...

Yolanda: Me da vergüenza darme cuenta de que no te reaccioné a este comentario porque fui rápido a buscar tu blog y allí lo dejé. Pero es mala educación bloguística dejar comentarios sin reacción. Tarde pero seguro..