viernes, 9 de mayo de 2014

De la esperanza a la desilusión y a la resistencia: Puerto Rico de 1898-1914


Aunque a muchos no nos guste, es un hecho que en 1898 la mayoría de los puertorriqueños vio a los estadounidenses como libertadores, al igual que pasó con los cubanos. Con raras excepciones el pueblo y sus principales líderes esperaban que los Estados Unidos se comportara de acuerdo a lo que se creía que eran: una nación democrática. Obviamente desconocían lo que habían hecho con los indios y lo que seguían haciendo con los negros en el sur décadas después del fin legal de la esclavitud. 

Esa esperanza habría de troncharse poco después de la ocupación de la Isla y de izarse la nueva bandera en todos los edificios públicos.  El primer desengaño fue que el régimen militar que se impuso luego de la salida de los gobernantes españoles duró dos años y se eliminaron las reformas concedidas en el poco tiempo que estuvo en vigor el gobierno autonómico.  El segundo desengaño fue que la americanización comenzó de inmediato pero sobre todo en un esfuerzo por erradicar todo lo que fuera parte del legado español: idioma, religión, derecho y costumbres. Sobre el idioma  Víctor Clark había dicho en su informe de 1899:  "Their language is a patois almost unintelligible to the natives of Barcelona and Madrid. It possesses no literature and has little value as an intelectual medium".  Así de un plumazo se fueron al zafacón : Manuel Alonso,  AlejandroTapia, Eugenio María de Hostos, Betances, Baldorioty, José Gautier Benítez, Lola Rodríguez de Tió, Pachín Marín, Manuel Zeno Gandía y Salvador Brau, por mencionar los más conocidos.

Pero lo que colmó la copa y provocó una reacción generalizada de repudio fue el proceso para el establecimiento de un gobierno civil y la ley que se aprobó para implementarlo: la Ley Foraker de 1900.  Hubo vistas públicas en el congreso estadounidense a la que asistieron representantes de todos los sectores del pueblo puertorriqueño.  Había consenso en las aspiraciones a que se nos concediera la ciudadanía estadounidense que se esperaba conllevaba la extensión de los derechos de la Constitución de EEUU a Puerto Rico así como en la insistencia en un gobierno propio.  Fue tiempo perdido porque a quien se le hizo caso fue al Departamento de la Guerra y a lo que había recomendado el último gobernador militar George W. Davis: que no se nos diera mayor gobierno propio ni la ciudadanía porque no estábamos preparados para gobernarnos. Hubo un congresista que comentó que hacer extensiva la Constitución a Puerto Rico era lo mismo que "arrojar perlas a los cerdos".  El resultado fue la aprobación de una ley que resultó ser deficiente en comparación con lo otorgado por España en la Carta Autonómica de 1897.  Fue considerada un insulto por los principales líderes políticos tanto del partido federal como del republicano.

El mayor insulto fue que la única participación de los puertorriqueños en el gobierno, en la Cámara de Delegados (35 miembros electos cada dos años), resultaba inútil frente al poder del Consejo Ejecutivo (11 miembros nombrados por el Presidente de los Estados Unidos). La mayoría eran estadounidenses y tenían el poder de vetar los proyectos aprobados por la Cámara y de aprobar el presupuesto.

Entre ese Consejo Ejecutivo y Charles H. Allen, el primer gobernador colonial estadounidense en el siglo 20, crearon un plan para evitar que los Federales de Muñoz Rivera volviesen a ganar elecciones pues hasta ese momento eran mayoría. Para lograrlo dividieron la Isla en 7 distritos electorales uniendo pueblos bien distantes, ej. Aguadilla, Utuado y Lajas eran un distrito electoral.  Además crearon un colegio electoral de 3 personas al que se le llamó el "dos por uno" porque el tercer representante era también republicano.  El resultado fue que para las primeras elecciones bajo la Ley Foraker los federales se fueron al retraimiento y los republicanos de Barbosa coparon la Cámara de Delegados.  La persecución contra los federales por parte de las llamadas "turbas republicanas" y el ataque al periódico y a la casa de Muñoz Rivera en San Juan obligó a que éste se exilara en Nueva York.

Pero si Allen y el Consejo Ejecutivo esperaban que los miembros de esa primera Cámara de Delegados fuera sumisa por ser proamericanos sus miembros, se llevaron la sorpresa de que ya desde la misma primera sesión éstos radicaron la queja sobre los poderes del Consejo Ejecutivo que decían le pertenecían a la Cámara, sobre todo el de aprobar el presupuesto. El resultado fue que se decidió que se les enviaría para su aprobación. Más adelante los delegados utilizarían la estrategia de negarse a aprobarlo para forzar al Consejo y aunque no tuvieron éxito con esa actitud sentaron un precedente.

Como si ese desengaño en cuanto al gobierno propio que esperaban no fuese suficiente, al año siguiente desde Washington le dieron otra estocada con la decisión del Tribunal Supremo en el primer caso de los llamados "Insular Cases":  Downes v Bidwell.  En el mismo se definió la situación de Puerto Rico como un territorio no incorporado, perteneciente a, pero no parte de, los Estados Unidos. Una posesión.  El San Juan News recogió el sentir de muchos al plantear que "Somos y no somos integrantes de los Estados Unidos. Somos y no somos un país extranjero.."  Por su parte el doctor Henna, anexionista, decía: " Somos el señor Nadie de Ninguna parte..no tenemos ningún status político".  El estatus que se confirmaba en ese caso era el colonial.

La resistencia

Ronald Fernández en su libro La isla desencantada dice que Estados Unidos con su política de indiferencia e insulto a Puerto Rico logró transformar la política de la Isla. Es muy cierto. Lograron unir a líderes de los dos principales partidos políticos en un solo partido llamado Unión que ganó por grandes mayorías a partir de 1904.  El principal gestor de dicho movimiento fue Rosendo Matienzo Cintrón, republicano, quien renunció como delegado en el 1902 y se dedicó a predicar la necesidad de que los puertorriqueños se unieran en un solo partido para lograr reformar el sistema político y reclamar derechos.  Tuvo tanto éxito que Muñoz Rivera se vio obligado a regresar a Puerto Rico en 1904 para asumir el liderato de dicho partido.  Por insistencia de José De Diego en las bases del partido (escritas por Zeno Gandía), se incluyó la independencia como opción por vez primera como aspiración de un partido en nuestra historia.  
El gobernador Hunt consideró ese partido como la "más grave censura" hecha a los Estados Unidos en su colonia del Caribe. Bolívar Pagán dice que a partir de ese triunfo y debido a la oratoria de De Diego y de Matienzo el país se dividió entre proamericanos y antiamericanos. Pero todos se oponían por igual a la Ley Foraker.

En la próxima elección (1906) el partido Unión copaba la isla entera y controlaba la Cámara de Delegados que a partir del 1908 incluía la elite intelectual y letrada del país: José De Diego, Muñoz Rivera, Matienzo Cintrón, Nemesio Canales, José de Elzaburu y Luis Lloréns Torres.  Para el gobernador Post eran unos "extremistas" y el temor era que tenían el respaldo del pueblo.
Estos "extremistas" en 1909 lidereados por Matienzo y espoleados por Lloréns Torres, propusieron que no se aprobara proyecto alguno del Consejo Ejecutivo como protesta contra el sistema político existente.  Ronald Fernández describe este gesto con admiración porque se escogió la resistencia en lugar del sometimiento dócil. Los delegados presentaron proyectos beneficiosos para el país y si eran rechazados se negarían a aprobar el presupuesto.  En lugar de aprobarlo los delegados enviaron un Memorial al Congreso y al Presidente de los Estados Unidos en el cual pedían la derogación de la injusta Ley Foraker.  Se envió entonces una comisión a Washington (Muñoz Rivera, Coll y Cuchí y Benítez Castaño) y el Presidente no los dejó hablar, prácticamente los botó para que regresaran a aprobar el presupuesto mientras la prensa estadounidense nos trataba de ingratos y a Puerto Rico (Porto Rico) de "cobarde y mestiza".  Taft por su parte le dedicó la mayoría de su Mensaje al Congreso al asunto de Puerto Rico.  Luego de detallar todo lo que habían hecho por nosotros dijo que parecería que el pueblo se había olvidado de la "generosidad americana" y que había sido precipitado de parte de ellos darnos poder político. 
La indignación ante las palabras del Presidente fue enorme y más cuando se aprobó el proyecto propuesto por Taft para enmendar la Ley Foraker de modo que si no se aprobaba el presupuesto se declarase vigente el anterior.

Dentro del Partido Unión hubo una discordia enorme y pública entre los radicales (Matienzo y Lloréns) y Muñoz Rivera, situación que aprovechó Barbosa para echar leña al fuego con artículos candentes en El Tiempo.  Por intercesión de los masones se logró un abrazo entre los líderes de los dos partidos principales pero la desunión dentro del partido mayoritario empeoró al punto de que Muñoz Rivera eliminó a los radicales (Matienzo, Lloréns, Zeno Gandía y Canales) como delegados para las elecciones de 1910. Matienzo entonces se dedicó a atacar el personalismo de Muñoz Rivera y éste a insultarlo en La Democracia.

El 8 de febrero de 1912 estos "radicales" fundaron el primer Partido de la Independencia en Puerto Rico que a su vez motivó que al año siguiente en el Partido Unión bajo la presidencia de De Diego se echara por la borda la fórmula de la Estadidad y se declararan por la República por completo independiente.  De nuevo interviene Muñoz Rivera para aclarar que la Unión demandará una forma de gobierno autonómica y llega a proponerle una alianza a los republicanos de Barbosa quienes se niegan.

Pero la reacción en Estados Unidos fue contundente. Los congresistas se enfurecieron ante la, de nuevo, ingratitud de los puertorriqueños y consideraron un insulto al pueblo estadounidense el que en Puerto Rico se hablara de independencia.  El resultado: los congresistas comenzaron  seriamente a debatir el asunto de la concesión de la ciudadanía estadounidense a los puertorriqueños para vincular a Puerto Rico para siempre a los Estados Unidos y acabar con el sentimiento independentista que surgía con fuerza.

(continuará)

Fuentes:
1. Ronald Fernández, La isla desencantada
2. Bolívar Pagán, Historia de los partidos políticos puertorriqueños, Tomo I
3. José Trías Monge, Historia constitucional de Puerto Rico, Tomo II
Para los casos insulares ir al blog de Francisco Ortiz Santini  El filo de la moneda

6 comentarios:

Kofla Olivieri dijo...

Interesante el escrito. Me hubiera gustado haber vivido en aquel tiempo cuando existian aquellos llamados "extremistas" y haber conocido a Jose de Diego en persona.

Me pregunto cuantos de nuestro corruptos politicos hoy en dia conocen este tipo de historia.

Han pasado mas de 100 años, ¿hasta cuando nuestro pueblo va a seguir aceptando que se mancille la honra de nuestro pais?

David dijo...

Para contrarrestar la indignación, se dividió y distrajo al pueblo y debo admitir, con un éxito demoledor. Tal vez nos daremos cuenta como pueblo que la metrópoli solo busca su beneficio y se sostiene en mitos, las ilusiones necesarias de las que Leo Strauss habló. Por ahora, nos hemos tragado esos cuentos.

Ivonne Acosta Lespier dijo...

Kofla: A mí también me gustaría poder dar un viaje a ese pasado pero para conocer a Matienzo, Lloréns y Canales. Yo hice este recuento histórico como trasfondo para entender lo que produjeron nuestros escritores durante esas primeras décadas del siglo pasado. El relato sigue, espero me sigas leyendo..
Gracias por visitar y comentar.

Ivonne Acosta Lespier dijo...

David: Es bien antiguo lo de divide e impera, siempre funciona. Pero lo interesante para mí es que en esas primeras dos décadas del siglo pasado los principales escritores e intelectuales boricuas participaban activamente en la política, no se la dejaban como ahora a los menos preparados, casi analfabetos funcionales. Hubiera sido fascinante estar en las gradas de esa cámara de delegados escuchando los debates entre De Diego, Canales, Matienzo, Lloréns.

Alexandra Torres dijo...

Que triste es observar que a casi 125 anos, todavia estamos en el mismo predicamento de pertenecer o no. bien dice que el que no conoce la historia esta condenado a repetirla.

Ivonne Acosta Lespier dijo...

Alexandra: Perdona la tardanza en reaccionar a tu comentario tan acertado. Sobre todo con lo de la Junta de Control Fiscal que algunos congresistas insisten en nombrar para meternos en cintura. Gracias por comentar y espero sigas leyendo el blog.