lunes, 17 de diciembre de 2007

Dos buenas noticias

En medio de todo el estruendo de cosas absurdas, negativas o escandalosas, algunas buenas noticias nos alegran. Una de éstas es la compra de Pueblo por el señor Frank Calderón permitiendo que esa importante cadena de supermercados esté por vez primera en manos boricuas. Es una buena señal el que un puertorriqueño se arriesgue a invertir en grande en su propio país a pesar de todos los malos augurios económicos en el presente y para el futuro.

Yo fui a la reapertura del Pueblo en el Monte Mall el pasado 30 de noviembre. La verdad es que todos los que estuvimos allí compartimos la gran alegría de verlo tan bonito, tan repleto de productos variados, a buenos precios, y sobre todo en manos de un PUERTORRIQUEÑO. Mientras yo hacía la compra, maravillada ante la cantidad de productos, el servicio atento, el ambiente festivo y los buenos precios, estaban cortando la cinta al frente y dando discursos el señor Calderón-quien habló largo rato-, al igual que Isamari Castrodad y hasta Frank Stipes del Westernbank. El optimismo era contagioso.

Había puestecitos por todo el colmado donde ofrecían juguitos, cereales, pan, y en uno cafe Yaucono recién preparado que aproveché para saborearme calientito. Tenían tremendo bizcocho pero cuando lo cortaron yo ya me iba y no me interesaba tampoco acercarme a los tutumpotes. Pero el ambiente era bien alegre y los empleados- que ya uno conoce de años -estaban felices (con una de las cajeras me di un abrazo) luego de semanas de susto y de ver que poco a poco el supermercado se iba quedando sin mercancía. En esas semanas previas a la compra nunca lo había visto así de vacío, ni siquiera luego de Hugo y de Georges.

Otra buena noticia es la reapertura del hotel La Concha. Ese hotel estaba destinado a la destrucción durante el Rosellato pero se logró paralizar el plan de arrasarlo y en su lugar se restauró. Eso fue gracias a la insistencia de tantos arquitectos y muchos puertorriqueños que se unieron en la campaña para lograr que se detuviera la insensatez. No era para menos, porque es una joya arquitectónica diseñada por puertorriqueños que había que preservar.

Hay que felicitar al señor Calderón y a los que lograron restaurar y reabrir el hotel La Concha. Mi esperanza es que esos gestos generen un movimiento para que otros puertorriqueños se animen a dejar su capital aquí en lugar de invertir fuera de Puerto Rico. Es algo para celebrar, al menos para compensar por todo lo demás.

1 comentario:

Cristóbal Colón dijo...

Ivonne quiere la bandera sola como El Topo.

Bueno, si no se puede con la república socialista----- pués que venga una república con sabor capitalista.



Ivonne:

Cuando era un niño mis padres hacían compra en el colmadito de la esquina y el dueño apuntaba los gastos y entonces se pagaba a fín de més. El credito es establecía entre el dueño y el cliente a base de la confianza y la amistad. ¿Como han cambiado las cosas?

El primer supermercado grande qie visité fue Pueblo. Creo que el primero estaba en la avenida Roosevelt.

Saludos