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jueves, 14 de octubre de 2010

A los que se alegraron del Premio Nobel a Vargas Llosa

No me incluyo porque desde que me enteré puse cara de asco y más todavía cuando supe que no consideraron al admirado escritor africano Ngugi wa Thiong'o. Así lo expresaba Samuel Quilombo en Rebelión al conocer la noticia y comentaba que: "La Academia Sueca hoy podía haber dado un paso valiente precisamente en estos momentos, cuando Europa se vuelve más irrelevante y asiste al ascenso de las posiciones más conservadoras y xenófobas. No lo ha hecho, y con su decisión han vuelto a hacer del Premio algo menos universal. Enhorabuena al ganador, un gran novelista cuya vida sí que ha venido marcada por la búsqueda de este galardón."

Es que el Nobel, aunque sea el de Literatura, es un premio político otorgado mayormente a quienes respaldan posiciones conservadoras o las que convengan en un momento determinado a la clase dominante. Ese es el caso del insigne escritor peruano. Y para el que lo dude, que se lea el artículo “Trofeos de guerra. Las crónicas de Vargas Llosa en Irak” de Santiago Alba Rico que es parte de un libro titulado Crímenes de Guerra (2003).

El autor relata un incidente ocurrido en uno de los viajes de Vargas Llosa a Irak durante la invasión estadounidense. Fue en la mezquita de Ali en Nayaf , uno de los lugares santos de los chiitas, en la que de acuerdo a la crónica del propio Vargas Llosa para el diario El País, su hija Morgana se atrevió a entrar y nada menos que tomar fotografías. La reacción de uno de los creyentes fue la de agredirla lo cual a su vez provocó la indignación del padre y los que les acompañaban. Dice en parte Alba Rico sobre este asunto que: “Vargas Llosa está ocupando Irak con el ejército estadounidense, y su derecho es el derecho de conquista. Está tratando a los iraquíes como vencidos , con la simple y tranquila naturalidad de un cónsul romano que no distingue, entre las riquezas de su botín, hombres, jarrones y sextercios de oro. Lo entiende todo, con su refinada inteligencia, salvo que no guste su presencia allí. Para entender eso tendría que ser capaz de retroceder más acá de sus planas evidencias tribales y reconocer la existencia de los iraquíes, concederles una normal y universal humanidad, representarse sus sufrimientos y pedirles perdón por haber llegado demasiado tarde. El prefiere pensar que el "botín" se merece lo que le pasa y que hay algo en esas criaturas intrínsecamente incompatible con el cartesianismo, la tolerancia y la democracia.”

Ese es Varguitas.

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