lunes, 19 de febrero de 2018

"Permiso para Soñar", excelente columna de Benjamín Torres Gotay

Ayer domingo 18 de febrero en END publicó lo siguiente:

"El gobernador Ricardo Rosselló, que últimamente le ha cogido el gustito a viajar, andaba en estos días dando besos y abrazos por Filadelfia. Estaba, dijo, mirando escuelas chárter, como el padre que se va de gira buscando la mejor educación para sus hijos. Publicó fotos en sus redes sociales de su visita a Aspira, una organización liderada por puertorriqueños (en el último censo vivían allí cerca de 120,000 que se identificaban como boricuas), que maneja seis escuelas chárter en aquella ciudad.
Si lo que quería el gobernador era ver escuelas públicas que funcionan bien, bendito, no tenía que ir tan lejos. Las escuelas públicas puertorriqueñas tienen una fama terrible, en términos generales bien merecida, porque la inmensa mayoría no ofrece ni buena educación ni seguridad, que son, probablemente, las cuestiones que más pesan en el ánimo de alguien puesto a elegir donde educar a sus hijos.
Pero las hay muy buenas también. Cada año, entre 80 y 100 escuelas de las mil y pico que hay (eran 1,110 la última vez que se contó, pero están cerrando a un ritmo de tal vertiginosidad que cuando se lea esto puede que sean menos) obtienen desempeños de excelencia en las mismas pruebas que sirven para descartar a tantas otras.
Hay escuelas, como la superior Carlos González, de Aguada, que año tras año gradúa montones de estudiantes con 4.00 de promedio, o las elementales Antera Rosado Fuentes, en Río Grande, y Emérita León Candelas, en Cayey, que al mismo tiempo en que tienen estudiantes con excelentes desempeños académicos son también el centro y el eje de sus comunidades.
Y sin contar a las especializadas, que reciben un trato único y solo admiten a los mejores estudiantes, están también las 49 escuelas bajo el modelo Montessori, cuya escuela insignia, la elemental Juan Ponce de León, en Guaynabo, es la envidia de muchísimos planteles privados.
Esas escuelas funcionan en entornos diferentes las unas de las otras, pero tienen unas características en común: toda la operación está centrada en la atención, la experiencia y el desempeño del estudiante; se vinculan fuertemente con las comunidades en las que operan; logran comprometer a los padres; tienen dirección y liderato inspiracional, presupuestos adecuados, facultades motivadas y metas educativas claras.
“Apoyar y proteger a las comunidades y las escuelas que ya han comenzado a ser el país que queremos debe ser el primer paso de cualquier reforma que emprendamos”, decía, con toda razón, en una columna en estos días la veterana educadora Ana María García Blanco, quien sabe bien de lo que habla porque es a su liderato e iniciativa que se debe que haya escuelas Montessori en el sistema público.
Se podría, si se quisiera, si hubiera la voluntad, si no hubiera ofuscación con otros intereses, estudiar con lupa cómo es la cosa en cada una de esas escuelas, que están ahí a la vista de todos nosotros, y replicarlo en cuantas otras se pueda. Sin embargo, es publicitariamente mucho más sexy ponerse a inventar con charters, que han tenido resultados muy mixtos en Estados Unidos, y con vales educativos, con esa manía tan de los últimos tiempos de dar por perdido lo público y vestir de glamour lo privado.
Está pasando esto en Puerto Rico con una frecuencia que aturde y que, si uno no está pendiente y tiene las cuentas bien claras consigo mismo, puede confundir.
Primero nos rompen el país manejándolo tan irresponsablemente y repartiéndoselo entre ellos y después nos quieren vender la entrega, la renuncia, los despojos, como las únicas opciones posibles. Hace recordar esto a algo que decía Calle 13 en una canción: “El que controla, el que domina, quiere enfermarte pa’ venderte medicina”. Pero también conviene recordar lo que, mucho antes que Calle 13, cantó Rubén Blades: “No te dejes confundir, buscar el fondo y su razón, recuerda se ven las caras, pero nunca el corazón”.
Hay otras posibilidades.
Aunque cientos de miles se hayan ido y el huracán María haya derribado lo poco que habían dejado de pie el coloniaje, la partidocracia, la corrupción, la dependencia, el amiguismo y la mediocridad, hay cómo levantarse sin seguir el libreto dictado por los que o carecen de imaginación o sus pasos están dictados por cabilderos y especuladores o quieren cegarnos con el esplendor de fuegos artificiales para que no veamos que, más allá de los eslóganes y los hashtags, son solo polvo en el viento.
Ahí están muchas escuelas públicas construyendo patria a pesar del peso enorme que les pone sobre sus espaldas la bizantina burocracia, la politiquería, la apatía, la carencia y el derrotismo del nivel central de la agencia. Ahí está Casa Pueblo demostrándonos que se puede soñar con un sistema de energía que no dependa ni de un monopolio público bestialmente politizado, ni de un monopolio privado cuya prioridad tampoco sea nuestro bienestar. Ahí están las múltiples comunidades y organizaciones no gubernamentales pensando un país autosuficiente, sustentable, próspero, democrático, al servicio de su gente y no de intereses siniestros.
Ahí están las cooperativas, que nunca habían tenido problemas financieros hasta que las obligaron a enyuntarse con los fatulos bonos del Gobierno de Puerto Rico, creando riqueza, dando crédito a los trabajadores, abriendo surcos, demostrando cuán lejos pueden hacer llegar modelos de democracia participativa.
Los que nos destruyeron el país quieren convencernos de que la única solución es venderlo barato. Quieren que creamos que solo en Nueva York pueden diseñarnos el futuro. Quieren que nos neguemos a soñar, a imaginar y a construir un país diferente. Quieren que todos seamos como ellos."

(La tomé sin permiso de la página de Facebook de Gradissa Fernández que estoy segura me perdona...)

2 comentarios:

David dijo...

Se nos cría con complejos, miedos y mentiras. Quienes lo hacen no nos quieren. Ahora que Puerto Rico está herido, nos quieren rematar en el suelo. Y encima hay gente que insiste que no somos latinoamericanos. Si hasta nos han dado golpe de estado con la junta. Y sus cómplices, en vez de velar por nuestros intereses y demandar al congreso de EE UU, les ríen las gracias. traidores

Ivonne Acosta Lespier dijo...

David: Perdona la tardanza pero ahora fue que encontré este y otros comentarios pendientes sin publicar en Blogger. Debe haber sido en alguno de los muchos apagones que tenemos en Hato Rey porque no entiendo porqué no lo vi como siempre en mi correo electrónico.

Gracias por comentar, siempre aciertas en tus observaciones. Por favor no dejes de hacerlo aunque me tarde en reaccionar por culpa de los apagones.