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viernes, 25 de septiembre de 2015

Arcadio Díaz Quiñones y la esperanza de un futuro solidario

En su columna en El Nuevo Día titulada "Cultivar un futuro solidario"  Carmen Dolores Hernández hace un merecido reconocimiento a este admirado escritor puertorriqueño.  Al plantearse la situación actual de Puerto Rico que no puede ser más deprimente, se pregunta lo siguiente:

"¿A dónde mirar? ¿Qué activos tiene este país pequeño y vulnerable, depauperado, infantilizado, acostumbrado a la dádiva y a la mendacidad oficial?"  Para sorpresa-agradable- nuestra, se contesta lo siguiente: "El intelectual puertorriqueño, Arcadio Díaz Quiñones, ofreció recientemente un atisbo de esperanza. Dada la escasez actual de tal virtud, hay que tomarlo en serio. En una conferencia pronunciada en la UPR, recinto de Bayamón, habló de una tradición que conmina a la gratitud, a la solidaridad, a la importancia de trabajar por esta isla que -ahora, como en sus inicios- parece olvidada de la mano de Dios. Tenemos, dijo, un capital simbólico disponible, abundante en paradigmas importantes: el de quienes han hablado claro, aunque sus palabras no fueran aceptables para muchos; el de quienes sirvieron sin esperar recompensas; el de quienes cultivaron la excelencia y el profesionalismo, aunque no siempre se apreciara; el de quienes se respetaron a sí mismos y a su trabajo y respetaron -por consiguiente- a los demás. Nuestros grandes maestros y nuestros grandes artistas -escritores, teatreros, pintores, figuras de la danza- nos dieron acceso a la palabra y a la imaginación.
En la desesperada circunstancia actual, recuperar la memoria de ese acervo nos une, situándonos en la trayectoria de una tradición que provee ejemplos de cómo enfrentarse a la realidad y actuar en consecuencia. Si vivir de ilusiones es morir de desengaño, reconocer las realidades y saber trascenderlas es cultivar la esperanza de un futuro solidario."
Gracias a Arcadio por recordarnos lo que nos une y nos da esperanzas. 

domingo, 9 de marzo de 2014

José Luis González y San Lorenzo


El 8 de marzo de 1926 nació uno de nuestros principales escritores, José Luis González, pensador y provocador por excelencia.  Nuestro, a pesar de que nació en la República Dominicana y vivió desde 1953 hasta su muerte en México de donde se hizo ciudadano.  Antes de morir a fines de 1996 quiso ser enterrado junto a sus padres en el municipio de San Lorenzo, Puerto Rico, en cuyo cementerio se encuentran sus restos gracias a las gestiones que hicieron personas como mi esposo Juan Manuel.  


El relato del traslado de los restos de José Luis a Puerto Rico es de novela, como fue mucha de su vida y espero hacerlo tan pronto encuentre los documentos. El Alcalde de San Lorenzo interesa la historia porque como buen sanlorenceño y persona educada se siente orgulloso de José Luis. Como prueba está organizando una actividad literaria en su honor el próximo mes de agosto para conmemorar el aniversario del establecimiento del español como vehículo de enseñanza en el sistema de educación pública en Puerto Rico en 1949. 

Aprovecho para felicitar a los sanlorenceños o samaritanos por haber escogido como alcalde-hace ya 14 años- a un puertorriqueño excepcional como es José Román Abreu. José Luis debe estar contento y orgulloso. 

sábado, 12 de marzo de 2011

Pachín Marín: un poeta boricua que no debemos olvidar

Francisco Gonzalo “Pachín” Marín es uno de mis poetas admirados y como nació en el mes de marzo quiero recordarle y rendirle homenaje. Pachín no es tan estudiado y apreciado como otros poetas puertorriqueños y quizá se deba al hecho de que más que poeta fue un hombre de acción, un revolucionario que se expresaba en poemas (así como en cuentos y periódicos) y que murió en el exilio mientras participaba en la guerra de independencia de Cuba. Fue además el que tuvo la idea de diseñar la bandera de Puerto Rico con los colores invertidos de la bandera de la hermana isla. Para Pachín, como para Lola Rodríguez de Tió, ambas eran “de un pájaro las dos alas”. Veamos su historia (que es como para una película) y algo de su obra poética.

Pachín Marín nació en Arecibo un 12 de marzo de 1863 en un hogar humilde pero en el que se discutía la historia del país, se ensalzaba la figura de Betances y en el que a los 5 años escuchaba a sus padres expresar su pesar luego del fracaso del Grito de Lares para luego ensalzar lo ocurrido en Yara (Cuba),para la misma fecha. Su padre era hermano del respetado periodista Ramón Marín y ambas abuelas eran de raza negra. Ser mulato le ocasionó muchos traumas según se aprecia en algunos poemas. Con poca educación formal, fue más bien autodidacta (como tantos en el siglo diecinueve) pues al ejercer el oficio de tipógrafo en imprenta desarrolló el gusto por la lectura. También fue músico y periodista. Pero sobre todo, patriota.

Su primera adhesión política fue al autonomismo luego de participar en la famosa asamblea en la que se funda ese partido en el Teatro La Perla de Ponce el 7 de marzo de 1887 bajo del liderato de Román Baldorioty de Castro. Su entusiasmo con Baldorioty le llevó a dedicarle un poemario titulado “Mi Óbolo” y a su regreso a Arecibo funda un periódico “El Postillón” para difundir las ideas autonomistas. Pero ese movimiento había ido a la par con el de La Boicotizadora y el gobierno desató la terrible persecución de los autonomistas que se conoce en nuestra historia como “el año terrible”. Pachín va a sentirse amenazado y se ve forzado a huir a Santo Domingo en donde al tiempo es encarcelado y expulsado por el dictador Lilís por atreverse a criticarlo. Va a Venezuela donde le toca el dictador de turno y corre la misma suerte teniendo que huir a Martinica, luego a San Tomas y finalmente logra regresar a Puerto Rico gracias a la ayuda de varios compueblanos. Se radica en Ponce donde publica nuevamente “El Postillón” que desata una persecución que lo obliga a salir en el exilio definitivo de Puerto Rico.

En Nueva York se hace miembro de la Junta Revolucionaria de Cuba y Puerto Rico, conoce y se hace muy amigo de José Martí a quien ayuda en la propaganda revolucionaria. Al cabo de dos años, por razones que desconocemos se va a Haití en donde logra fundar un club revolucionario pero tiene que regresar a Nueva York en 1896. Allí se entera, no sólo de la muerte de Martí combatiendo en Cuba sino la de su propio hermano Wenceslao, y decide unirse a la lucha cubana bajo el mando del general Máximo Gómez. Su muerte ocurre no combatiendo sino porque enfermó de malaria en medio de la ciénaga de Turiguanó en la manigua cubana y para no detener a sus compañeros les rogó que lo dejaran en una hamaca colgada entre dos mangles. Al mes siguiente cuando regresaron a buscarlo encontraron su esqueleto en la hamaca abrazado a su fusil. A esta fecha no se sabe dónde yacen sus restos mortales. Los detalles de su horrenda muerte los publica una bloguera cubana de la ciudad de Santa Clara en Cuba quien le hace varios homenajes a nuestro poeta mártir. Ella se siente avergonzada de que los compañeros (cubanos) le hayan abandonado a su suerte pero está claro que Pachín les rogó que siguieran adelante y lo dejaran.

En cuanto a su obra poética, lo que llama la atención es su espontaneidad y sinceridad sin atender a formalidades; es poeta romántico por excelencia y su poesía es agresiva, fuerte, y expresiva, rebelde y comprometida. Pachín poetizaba las ideas de Betances pero sobre todo comunicaba todos los eventos de su vida a través de los poemas por lo cual son casi autobiográficos. Entre éstos sobresalen tres poemas: “El Ruiseñor” (metáfora del patriotismo), “El Emisario” (imita un poema de Martí en el cual los héroes ya muertos cobran vida; el tema es “sigamos la lucha”) y mi favorito, “A mi padre”. En este último Pachín le deja saber a su progenitor que va a irse a la lucha y le explica sus razones y al hacerlo se autodefine como patriota, como poeta y como hijo. Dice así este impactante poema que le describe mejor que ningún otro:

Hay en mi vida un vendabal deshecho
que no sé maldecir, ni lo deploro,
y voy a él como el dolor al pecho,
la espada al puño, al redondel el toro.

Mi pluma de escritor, culta o salvaje,
el arma es que mis ideas esgrimen;
a mí la dicha a costa de un ultraje
no me parece bienestar: es crimen.

De otros cejar con impudor infame
en ocasión del inminente riesgo.
Yo acudo siempre do el deber me llame
y ya en el sitio del deber no sesgo.

El musulmán resígnase al destino
y yo jamás; en medio de mi duelo
voy abriéndome brecha en el camino
con propio esfuerzo y sin mirar al cielo.

¿Gime la Patria en orfandad eterna
mientras un nudo su garganta oprime?
pues ya no escucho tu inquietud paterna,
yo sólo entiendo que mi patria gime.

¡Ay! Hubiéraseme dado, a más del nombre,
una Patria feliz y hospitalaria;
dado me hubieras credencial de hombre
y no padrón de envilecido paria.

No temas. Me arrullaste con cariño
y en devolverte el bien cifro mi orgullo.
¡Se ha transformado en paladín tu niño!
¡En tempestad se convirtió su arrullo!

Cuando llegue el naufragio -si es que llega-
piensa en mi honor que, capitán valiente,
será el primero en la borrasca ciega
y el último que pise sobre el puente.


Fuentes:
1. Figueroa de Cifredo, Patria, Pachín Marín: Héroe y Poeta (San Juan: Instituto de Cultura Puertorriqueña, 1967)
2. Notas del curso Literatura Puertorriqueña que tomé con el Dr. Ramón Luis Acevedo en el Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe.

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