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lunes, 9 de junio de 2008

Los experimentos con seres vivos: lo que no se dijo sobre la nueva Ley de Incentivos Económicos

Acabo de recibir un comunicado de parte de mi querida amiga Marta Villaizán Montalvo, conocida investigadora y archivista puertorriqueña. Marta ha descubierto en la ley acabada de aprobar un tipo de exención contributiva que favorece a la industria farmacéutica. No es nada raro que los gobiernos de turno le rindan pleitesía a esas multinacionales. Lo terrible es que lo que se le ha otorgado –y nadie se dio cuenta-atenta contra animales y seres humanos por igual. Se da exención contributiva nada menos que a “los negocios que se dedican a la crianza de animales para usos experimentales en laboratorios de investigación científica, de medicina y usos similares”.

Marta dice que “aunque muchas empresas que producen cosméticos, artículos de aseo personal, pinturas y compuestos químicos, cigarrillos, aditivos alimentarios, armas, venenos y pesticidas tienen como factor común la experimentación de sus procesos con animales, es la industria farmacéutica, con la excusa de la economía del conocimiento, la que obtendrá con esta práctica el mayor beneficio para su negocio con las enfermedades."

Cito el resto del comunicado y les recomiendo lo lean completo porque nos va la salud en ello:

Para establecer la seguridad de productos farmacéuticos, los animales de laboratorio "criados" en Puerto Rico serán sometidos en vivo a innumerables pruebas y experimentos que causan dolor y sufrimiento.
"Bajo el pretexto de la salud y el bienestar humano, un animal de laboratorio puede ser envenenado, privado de comida, agua o sueño y recibir productos irritantes para los ojos o la piel", señala AnimaNaturalis, organización hispanoamericana dedicada a establecer, difundir y proteger los derechos de todos los animales. "Lo pueden dejar paralítico; mutilarlo quirúrgicamente; aplicarle radiaciones; quemarlo; gasearlo; darle alimentación de manera forzada y electrocutarlo", añade la organización.

Pero no sólo los perros y los gatitos de los criaderos en Puerto Rico serán sometidos a las más sutiles técnicas de sufrimiento. En el proceso de investigación y desarrollo de un producto farmacéutico, la próxima etapa le corresponde a USTED: el animal humano.
Porque cuando un producto farmacéutico da la impresión de ser seguro en los animales, entonces está listo para ser probado en los seres humanos.
Pero no cualquier ser humano...

Para probar si los medicamentos son seguros, el Instituto Nacional de la Salud, promueve y financia la experimentación con las minorías étnicas y raciales.
"Debido a que existen diferencias genéticas, las minorías responden diferente que las personas de raza blanca a ciertas medicinas", señala a modo de justificación el Instituto Nacional de la Salud. "Si las minorías no participan en experimentos clínicos de nuevas drogas, podría tomar mucho tiempo antes que dosis efectivas y seguras se aprueben para uso público", añade.

Puerto Rico es una nación con 4 millones de personas que pertenecen a las minorías en los Estados Unidos. Para promover la Isla como un gran paraíso para probar drogas experimentales en una población de minorías, la nueva Ley de Incentivos Industriales declara "Negocio elegible" a, laboratorios de investigación y desarrollo científico o industrial para desarrollar nuevos productos o procesos industriales, o para mejorar los mismos, para fines experimentales, investigaciones clínicas, epidemiológicas y ciencias básicas en proyectos de salud mental, investigaciones científicas de medicina y fines similares.

La nueva ley concede además, incentivos especiales para la investigación científica y técnica y el desarrollo de nuevos productos y procesos industriales, lo cual podrá llevarse a cabo, entre otros, directamente o en acuerdos con agencias gubernamentales o con universidades públicas y privadas.

Bajo la vieja ley de incentivos industriales, durante los últimos cinco años se realizaron en Puerto Rico 813 experimentos con humanos. De éstos, 362 se llevaron a cabo en universidades públicas y privadas, 387 fueron con niños y 196 todavía están activos y buscando personas que voluntariamente pongan su vida en riesgo para determinar si un producto es seguro, qué dosis puede administrarse, descubrir los efectos secundarios, así como el modo que afecta el organismo.

Bajo la nueva ley, la oferta se amplía y podría incluir peligrosos experimentos con las llamadas "enfermedades inventadas". Estas enfermedades son procesos o problemas humanos que las empresas farmacéuticas han decidido que sean medicamente relevantes para poder asignarle un tratamiento.

"Se trata de unir síntomas, convencer a la gente de que tiene algo hasta ahora desconocido, preparar una campaña de información - periódicos, televisión, testimonios de gente famosa - y se pone en marcha una enfermedad inventada", señala Jorg Blech, científico y periodista alemán en su libro, Los inventores de enfermedades.

Según Blech son cinco las variantes del comercio con las enfermedades. Vender un proceso normal de la vida como un problema médico (menopausia, envejecimiento, por ejemplo); vender problemas personales y sociales como un problema médico (infelicidad, insomnio, tristeza); vender un riesgo como una enfermedad (colesterol, hipertensión); vender síntomas poco frecuentes como epidemias de extraordinaria propagación (impotencia, osteosporosis); y por último, convertir síntomas leves en indicio de una enfermedad grave (síndrome de las piernas inquietas, síndrome de colon irritable, hiperactividad infantil).

En el Puerto Rico de hoy donde los servicios de salud se encuentran en estado de crisis, donde no hay dinero para construir centros de trauma, donde decenas de personas mueren anualmente por la falta de ambulancias y donde las salas de emergencia no tienen equipo ni personal para atender a los verdaderos enfermos, el Gobierno incentiva con más fuerza la inversión farmacéutica que convierte nuestra salud en un valor de mercado.

Y con esta nueva Ley 73, perros, gatos y humanos vamos barranco abajo.

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