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viernes, 7 de marzo de 2014

En Crimea y Ucrania: ¿una nueva Guerra Fría y una crisis como la de octubre de 1962?

Es evidente que en este conflicto que suena a los tiempos de la Guerra Fría estamos siendo bombardeados por la desinformación, como es usual en los medios de comunicación estadounidenses.  Lo que se escucha es la misma retórica antisoviética aunque ya no exista la URSS.   A nadie le importa ver el otro lado de la situación, el contexto histórico de la misma y el peligro de desconocer la geopolítica envuelta.   Eso es lo que el diplomático chileno Jorge Heine se ha dado a la tarea de explicar en artículos como el que quiero reproducir por su importancia y los invito a leer. 


Heine comienza preguntándose la razón por la cual Rusia está poniendo en peligro el prestigio ganado en Sochi al autorizar una  acción militar en Crimea.  Dicha invasión dice que "responde a la caída del gobierno pro-ruso del Presidente Viktor Yanukovich en Ucrania hace algunos días, en un cuestionable voto de la Rada, el parlamento ucraniano, y su reemplazo por un gobierno pro-Estados Unidos y pro-Unión Europea (UE), encabezado por el Presidente Alexander Turnichov y el Primer Ministro Arseny Yatsenkuk. Ucrania, un país de 45 millones de habitantes, antigua república soviética, ha estado siempre dividida entre dos almas—una pro-europea, en la parte occidental, y otra pro-rusa, en la parte oriental y del Sur, donde está Crimea, una península insertada en el Mar Negro, y transferida por Nikita Khruschev a Ucrania en 1954, en una época en que la última era aún parte de la URSS–."

"Para muchos, la incapacidad del gobierno ruso de aceptar sin más este cambio de gobierno en Ucrania reflejaría los instintos antidemocráticos imperantes en Moscú, y los resabios autoritarios aún remanentes en la nueva Rusia. Los Estados Unidos han respondido enérgicamente, diciendo que esto tendrá consecuencias. Una primera víctima sería la próxima reunión del G8 en el propio Sochi en junio, a la que el Presidente Obama no asistiría, ni tampoco los líderes de Francia y el Reino Unido. Se habla tambiėn de sanciones económicas, de cancelación de visas y de otro tipo de medidas. Se menciona incluso el expulsar a Rusia del G8, o al menos suspenderla por un tiempo.

Para algunos, se trata de la mayor crisis internacional desde los ataques a las Torres Gemelas el 11 de septiembre de 2001. Para todos, es el principal desafío internacional del Presidente Barack Obama en toda su presidencia."

"¿Qué ha llevado a Rusia a algo de tan alto costo?
Lo que pocos mencionan es que, lejos de representar viejos resabios autoritarios o meros caprichos de un autócrata, la respuesta rusa a lo ocurrido en Ucrania se ajusta a principios de larga data en las relaciones internacionales. Grandes potencias como Rusia tienen una memoria histórica y una cierta manera de relacionarse con su entorno y con el mundo. La mantención de una cierta esfera de influencia en su vecindario cercano ( lo “extranjero inmediato’’) es parte de ello. Esto no ha sido respetado ni por los Estados Unidos ni por la UE, que se han embarcado en una política de expansión hacia Europa Central y Oriental con muy poca consideración para los intereses de Moscú. La incorporación de muchos países de Europa Oriental a la UE, primero, y a la OTAN, después, son expresión de esto."

"La OTAN es una alianza militar que se estableció en contra de la Unión Soviética. Lo lógico es que hubiese llegado a su fin al dejar de existir esta última. Sin embargo, ello no sólo no ha ocurrido, sino que la alianza se ha continuado expandiendo, acercándose cada vez más a la Federación Rusa, y desconociendo acuerdos entre Washington y Moscú a comienzos de los 90 en cuanto a que ello se evitaría. La noción de que Rusia debería aceptar mansamente un verdadero cerco de países hostiles que se van haciendo miembros de una alianza establecida en contra de su Estado antecesor, es difícil de aceptar. El cambio de gobierno instigado en Kiev llevó al poder precisamente a la facción más comprometida con incorporar a Ucrania a la UE y eventualmente a la OTAN. De ahí la reacción rusa, diciendo que por este camino no se puede seguir.

De todos los países europeos, el más consciente de la necesidad de evitar un retorno a la Guerra Fría y a escalar el conflicto, es Alemania. Su Canciller, Frank-Walter Steinmeier, ha indicado que se opone a boicotear la próxima reunión del G8 en Sochi, no digamos ya a expulsar a Rusia del grupo. Para él, es fundamental darle una oportunidad a la diplomacia y a una solución negociada a la crisis.
Ello es perfectamente posible. Pero  implica aceptar el hecho político de fondo. Rusia ya no es una superpotencia, pero lo fue alguna vez, y sigue teniendo considerable poderío e intereses geopolíticos que no pueden ser ignorados. El continuar ninguneándola, como a ratos pareciera que hacen las potencias occidentales, alentando a partidos y coaliciones antirrusas en países como Georgia y Ucrania, no hace sino provocar este tipo de situaciones.

Después de la Segunda Guerra Mundial, una solución de compromiso para respetar los intereses estratégicos de la Unión Soviėtica, que perdió 20 millones de personas en esa guerra, fue establecer estatutos de neutralidad para países como Austria y Finlandia. Ucrania, cuya historia está íntimamente entrelazada con la de Rusia, podría someterse a un estatuto similar. Esta es una solución. Hay otras. El punto es que la geopolítica tiene sus normas. Rusia ha resurgido de la decadencia por la que pasó en los 90 bajo Boris Yeltsin y sigue siendo el país con más territorio del planeta, con nueve husos horarios, y es una potencia petrolera y nuclear. Pretender que puede ser tratada como un paisito es tratar de tapar el cielo con la mano."

Gracias Jorge por ocuparte de explicar lo que nadie se atreve a decir por estos lugares.

sábado, 2 de marzo de 2013

La película sobre el Presidente Lincoln


Me imagino que muchos de ustedes habrán visto la película nominada al Óscar y cuyo actor principal Daniel Day-Lewis ganó el premio a la mejor actuación aunque no le dieron nada a Steven Spielberg su director.  En 80grados, como siempre, Manuel Martínez Maldonado hizo la mejor crítica a esta película. 

La vi con una amiga que enseña varios cursos de historia en un colegio privado.  Al salir tuvimos una discusión porque ella argumentaba que la película no refleja lo que en realidad fue Lincoln pues no dejó de ser un racista. Lo que quería era mantener la Unión.  Como quiera, a mí me pareció muy bien hecha.  Ahí lo dejamos.

Pero hace unos días encontré un artículo titulado lo que la película ‘Lincoln’ no dice sobre Lincoln (en el blog del escritor que cité en mi post anterior) y pensé que trataba de lo mismo que mi amiga había criticado luego de verla. Pero no, es algo que nunca antes se había planteado sobre este presidente (o al menos me era desconocido) y a mi juicio lo hace todavía más interesante.

El autor postula que Lincoln era en realidad un socialista utópico pero este aspecto del decimosexto presidente estadounidense si se conoce no se toca ni con vara larga porque la palabra socialismo sigue siendo tabú.   “La Guerra Fría en el mundo cultural e incluso académico de EEUU (que continúa existiendo) y el enorme dominio de lo que allí se llama la Corporate Class (la clase de los propietarios y gestores del gran capital) sobre la vida, no sólo económica, sino también cívica y cultural, explica que la historia formal de EEUU que se enseña en las escuelas y en las universidades sea muy sesgada, purificada de cualquier contaminación ideológica procedente del movimiento obrero, sea socialismo, comunismo o anarquismo” señala el autor del artículo Vicenc Navarro. 

Navarro dice que le sorprenderá a gran número de lectores saber que "los escritos de Karl Marx influenciaron a Abraham Lincoln, tal como documenta en gran detalle John Nichols en su excelente artículo  “Reading Karl Marx with Abraham Lincoln. Utopian socialists, German communists and other republicans” publicado en Political Affairs(27/11/12), y del cual extraigo las citas así como la mayoría de datos publicados en este artículo. Los escritos de Karl Marx eran conocidos entre los grupos de intelectuales que estaban profundamente insatisfechos con la situación política y económica de EEUU, como era el caso de Lincoln. Karl Marx escribía regularmente en The New York Tribune, el rotativo intelectual más influente en Estados Unidos en aquel periodo. Su director Horace Greeley se consideraba un socialista y un gran admirador de Karl Marx, al cual invitó a ser columnista de tal diario."

Sigue diciendo que en realidad, Lincoln consideró que la esclavitud era "el dominio máximo del capital sobre el mundo del trabajo y su oposición a las estructuras de poder de los Estados sureños se debía precisamente a que percibía estas estructuras como sustentadoras de un régimen económico basado en la explotación absoluta del mundo del trabajo. De ahí que viera la abolición de la esclavitud como la liberación no sólo de la población negra sino de todo el mundo del trabajo, beneficiando también a la clase trabajadora blanca, cuyo racismo él veía que iba en contra de sus propios intereses."

Aclara que "Lincoln no era un marxista (término sobreutilizado en la literatura historiográfica y que el propio Marx denunció) y no era su intento eliminar el capitalismo, sino corregir el enorme desequilibrio existente en él, entre el capital y el trabajo. Pero, no hay duda de que fue altamente influenciado por Marx y otros pensadores socialistas, con los cuales compartió sus deseos inmediatos, claramente simpatizando con ellos, llevando su postura a altos niveles de radicalismo en su compromiso democrático. Es una tergiversación histórica ignorar tales hechos, como hace la película Lincoln."

El artículo es largo y no quiero seguir citando pero les exorto a que lo lean.  Es un Lincoln desconocido y mucho más digno de admiración que el que nos presenta la película o el que se enseña en las escuelas.

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