Francamente la
disputa entre miembros del Partido Nacionalista y la división del
independentismo ante la conmemoración del Grito de Lares me da asco. Por eso preferí hoy conmemorar el natalicio
de uno de los puertorriqueños más admirables en nuestra historia, el fenecido
alcalde de Caguas, Willie Miranda Marín (1940-2010). Basta con haber conocido lo que era Caguas
hace 20 años y lo que es ahora para saber la obra de este alcalde tan querido
en esa ciudad. Caguas se convirtió en ejemplo
de lo que se puede lograr en Puerto Rico y por su calidad de vida atrajo a
vivir a muchos residentes del área metropolitana. Por eso atrajo también a una mujer que
insiste, luego de haber sido de todo en gobiernos del penepé, en convertirse en
alcaldesa sin ser cagüeña.
Volviendo a
Willy, la noticia de su muerte el 4 de junio de 2010 fue lo último que mi
esposo quiso saber sobre lo que ocurría en Puerto Rico mientras esperaba el
desenlace de su propia vida en casa de nuestra hija mayor. Le quiso, respetó y admiró mucho.
Yo conocí al ex
Alcalde en ocasión de una actividad sobre mi libro Santa Juana y Mano Manca que
se celebró en Caguas. Cuando me lo
presentaron dijo que le había impresionado mucho su lectura y eso me sorprendió
pues no estaba ni estoy acostumbrada a políticos o funcionarios públicos que
lean.
Willy era
distinto a todos. Su muerte dejó un gran
vacío que no puede llenar su hijo pero al menos ha sido lo suficientemente
hábil como para seguir la obra de su padre. La advenediza no
sabe la tunda que le espera el 6 de noviembre.

