Estados
Unidos siempre supo aprovechar al máximo la negociación de los
tratados firmados luego de la guerra de independencia contra Inglaterra en
1783, y las guerras de expansión territorial. El Tratado de Paris , que el 10 de
diciembre de 1898 puso punto final a la corta pero productiva guerra contra
España, fue un claro ejemplo de ello. El
presidente William McKinley nombró una comisión compuesta en su mayoría de
miembros de su partido Republicano, el partido expansionista por excelencia. No se invitó a París a ningún representante
del pueblo cubano cuya liberación había sido el supuesto propósito de la guerra.
No se incluyó miembro alguno del
Gobierno Autonómico de Puerto Rico que estaba recién instalado cuando se inició
la Guerra hispano-cubana-estadounidense. No se incluyó representante alguno de las
Filipinas, que acabarían enfrentándose contra los Estados Unidos en la guerra
Filipino-Americana.
Las instrucciones
del Presidente a sus comisionados fueron: cesión incondicional de Puerto Rico y
Guam, la renuncia de España a Cuba y la adquisición de Filipinas. A todo eso se opuso España pero al final tuvo
que aceptar porque la alternativa era que continuarían las hostilidades y hasta
hubo amenaza de invadir a las islas Canarias.
El abogado e
historiador Francisco Ortiz Santini en su blog El filo de la moneda explica la
negociación que nos concierne todavía en estos términos:
El trámite de
ceder a Puerto Rico provocó uno de los tranques más serios entre los
negociadores del tratado. Por un lado, los estadounidenses se referían
meramente en sus propuestas a la cesión de la Isla de Puerto Rico. Por el otro,
los españoles insistían en que la cesión requería no sólo considerar el
territorio, sino también a los habitantes de Puerto Rico. La inserción del tema
de los habitantes de Puerto Rico provocó uno de los choques más serios entre
los negociadores, particularmente en lo relacionado a la ciudadanía que
detentarían dichos habitantes. Estas diferencias hicieron crisis el 9 de
diciembre de 1898, cuando los negociadores españoles presentaron su protesta
contra la pretensión estadounidense de no reconocerle a los habitantes de
Puerto Rico el derecho a retener su ciudadanía española.
Los estadounidenses replicaron que los residentes de Puerto Rico nacidos en
España, tendrían un año para escoger su ciudadanía, pero que los “naturales” de
la Isla no tendrían esa opción. “Su condición y sus derechos civiles”,
afirmaron, “se reservan al Congreso, quien hará las leyes para gobernar los
territorios cedidos”.
¿Por qué se
reservó el "estatus" de los puertorriqueños al Congreso en el Artículo IX de ese Tratado?
La razón para ello es que desde el 1868 los actos de guerra caen bajo el
Congreso y no la Presidencia lo cual confirma que para los Estados Unidos fuimos botín de guerra. El hecho que no debemos olvidar es que todavía, 114 años después, seguimos
estando bajo el Congreso de los Estados Unidos, que es precisamente el que nunca ha querido actuar en serio sobre el asunto del estatus político de Puerto Rico. Veremos a ver qué hacen frente al supuesto "mandato" para la estadidad en el referéndum del pasado 6 de noviembre.
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